miércoles 24 de noviembre de 2010

Comprender a los hijos, una difícil tarea

Comprender a los hijos, una difícil tarea

Silvina Mosquera, Logopeda y Psicoanalista

Comprender las distintas etapas de desarrollo de los hijos, entenderles en cada momento es una tarea difícil. Es todo un trabajo de detallada observación de sus conductas, sus cambios, sus emociones… que debe ir acompañado de una introspección que permita como adultos colocarnos en el lugar de otro que aunque bajo nuestra tutela y directrices también es un sujeto de deseos.

La dinámica que produce la vida cotidiana familiar prima por encima de cualquier estadística y receta mágica para educar, y no son las veces sino la calidad de tiempo las que pueden generar un espacio de diálogo, un momento para compartir, que otorga las respuestas adecuadas a las inquietudes que la maternidad y la paternidad producen .

Comprender la mente humana o el comportamiento humano, especialmente el de los hijos, no significa estar conformes, pero sí, abre un camino a un cuestionamiento que puede ser válido y necesario para cambiar. Captar la realidad y aceptarla, aunque en muchos casos no cubre las expectativas esperadas, es necesario para actuar en consecuencia y con sentido común, adecuando las acciones al momento social y de desarrollo en que se encuentran los hijos.

Lamentablemente vivimos un momento histórico regido por un egoísmo dirigido por la globalización a todos los niveles. El ser humano está rodeado de una maquinaria monstruosa que le hace creer que todo lo material a su alcance es imprescindible para sobrevivir en un mundo en que solo se salva el más fuerte, que es el que más tiene en apariencia y con apariencia. Esta es un realidad difícil de aceptar y de la que a su vez es complicado escapar cuando se pretende en contradicción con ella, dar valores éticos y morales a los hijos que vayan acompañados de las herramientas suficientes para hacerse valer como personas, y saber encontrar momentos de felicidad que llenen un vacío espiritual y no material

Comprender lleva implícito un verdadero aceptar, que significa admitir las etapas de desarrollo y el crecimiento de los hijos con todas sus consecuencias, entendiendo la realidad psíquica que toque vivir. Este hecho implica siempre un cambio. Es necesario comprender y cambiar, entendiendo por ello adecuar las actitudes del adulto en beneficio del niño o del adolescente sirviendo a su vez como modelo, ayuda y sostén. Los seres humanos tenemos una fuerte resistencia a los cambios y al reconocimiento

humilde de los propios errores. Como padres todos nos equivocamos. Es necesario admitirlo para tener la empatía suficiente y recordar el propio recorrido de la vida sin proyectar en los hijos las propias frustraciones.

Los hijos ponen a prueba cada día la capacidad de respuestas de los padres. Y es en la adolescencia en la que se ponen en juego etapas anteriores de desarrollo y se genera una dinámica de separación, diferenciación e independencia, un momento de conflicto entre padres e hijos que no se sienten escuchados unos ni respetados otros o a la inversa.

Los padres están en crisis, igual que estos hijos adolescentes quienes ponen delante de la propia vejez de los progenitores, el paso del tiempo, las diferencias generacionales y dejan en evidencia los errores cometidos durante la infancia.

Los padres no están por lo general dispuestos a caer de los pedestales en que los hijos los habían colocado, en ese lugar en que para sus niños eran superhéroes. Por consiguiente comienzan a reflejarse en la relación las frustraciones y aquello proyectado en los hijos, las expectativas y la no aceptación de que estos hijos puedan ser diferentes y lo intenten con tesón, saltándose las normas o poniendo en tela de juicio todas las enseñanzas.

Es en estos momentos difíciles en los que replantearse un cambio es importante. Los padres deben poder hacer un trabajo de aceptación y entendimiento que les permita pactar con estos “nuevos sujetos” que cohabitan dentro del seno familiar cuestionando todas las decisiones. Este momento en el mejor de los casos llega, casi siempre de forma inesperada y revoluciona la dinámica familiar, no se está preparado, pero es importante adecuarse. Todo cambio es difícil pero si estamos convencidos de haber educado bien a los hijos, de haberles dado las herramientas necesarias para cuidarse en la vida debemos confiar en ellos y estar tranquilos en que encontrarán el camino adecuado que sin duda, estará marcado por todo aquello que han idos absorbiendo de los modelos que hayan tenido.

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