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viernes, 26 de noviembre de 2010

EL CONTACTO MATERNO, UNA BUENA MANERA DE INICIAR LA VIDA por Silvina Mosquera Logopeda y psicoanalista

Las primeras experiencias de la vida dejan una huella biológica, psíquica y mnémica, que marcará las reacciones que el individuo tenga frente a diferentes situaciones de la vida. De todas estas primeras vivencias dependerá la capacidad de gestionar las emociones y por lo tanto el estrés en la vida adulta.

Traer un hijo al mundo es un tema que en el momento actual en que vivimos, ha quedado en muchos sectores de la población en el orden del objeto que toca adquirir para continuar la serie.

Una de las obras más extraordinarias de la naturaleza y que produce emociones de las más profundas, ha quedado en el lugar de nuevas adquisiciones que además debe consumir la menor energía posible, ocupar el menor tiempo y permitir a los padres seguir el ritmo de vida que llevaban antes de la llegada del bebé.

Si nos preguntamos por qué, la respuesta no es difícil de encontrar observando el lugar que las mujeres ocupan en la sociedad actual. Madres, trabajadoras, super mujeres que al igual que los hombres desarrollan actividades que hace unos años solo eran tareas de hombres, se entendía que las mujeres eran las que mejor se podían ocupar de los hijos.

Esta nueva situación social coloca las en una posición difícil en la que tienen que responder a unas demandas que en casi todos los casos las supera.


Los bebés llegan a este mundo con una esperanza escondida de que algún adulto responsable gestiones sus emociones como dice Sue Gerhardt, por eso es importante el acogimiento que reciben ya que marcará un sendero para el resto de sus vidas. Gestionar emociones tiene relación directa con el estrés, ansiedad, angustia, en los adultos repercuten de una manera, porque ya tienen su sistema nervioso formado y unas herramientas determinadas para enfrentarse a los impactos del ambiente, a los avatares de la vida, en cambio los bebés son absolutamente dependientes, no solo de la leche materna sino del cuerpo, del olor, de la voz, y el calor de la madre. El contacto con la madre regula la actividad tanto muscular como hormonal además de la frecuencia cardíaca y la tensión arterial, de ahí la importancia de la presencia materna en los primeros meses de vida.. Este contacto, las caricias el acunamiento, las palabras que calman, ayudan a bajar el nivel de estrés que el ambiente genera en un ser acostumbrado a mecerse en el vientre materno sin tener que pedir alimentos ni padecer frío ni calor, el útero materno lo da todo, los bebés por tanto al nacer no están preparados para sobrevivir con sus propios medios. Por esto en la etapa del postparto es muy importante tranquilizar a las madres contenerlas y comprenderlas para bajar el estrés tanto en ellas como de sus hijos, ya que madres ansiosas difícilmente pueden gestionar el estrés en sus bebés. La calidad de la presencia materna da la posibilidad de que los niveles de cortisol en sangre no aumenten, de que el bebé no se sienta en peligro, de modo tal que se garantice el buen funcionamiento del sistema inmunitario. De los primeros encuentros con un hijo dependerá su salud mental y l física, sus emociones, sus capacidades de enfrentar la vida, y el buen funcionamiento del organismo.

El cortisol es considerado la hormona del estrés que es fabricada por el organismo ante las situaciones de emergencia que haya que enfrentar.




miércoles, 24 de noviembre de 2010

Comprender a los hijos, una difícil tarea

Comprender a los hijos, una difícil tarea

Silvina Mosquera, Logopeda y Psicoanalista

Comprender las distintas etapas de desarrollo de los hijos, entenderles en cada momento es una tarea difícil. Es todo un trabajo de detallada observación de sus conductas, sus cambios, sus emociones… que debe ir acompañado de una introspección que permita como adultos colocarnos en el lugar de otro que aunque bajo nuestra tutela y directrices también es un sujeto de deseos.

La dinámica que produce la vida cotidiana familiar prima por encima de cualquier estadística y receta mágica para educar, y no son las veces sino la calidad de tiempo las que pueden generar un espacio de diálogo, un momento para compartir, que otorga las respuestas adecuadas a las inquietudes que la maternidad y la paternidad producen .

Comprender la mente humana o el comportamiento humano, especialmente el de los hijos, no significa estar conformes, pero sí, abre un camino a un cuestionamiento que puede ser válido y necesario para cambiar. Captar la realidad y aceptarla, aunque en muchos casos no cubre las expectativas esperadas, es necesario para actuar en consecuencia y con sentido común, adecuando las acciones al momento social y de desarrollo en que se encuentran los hijos.

Lamentablemente vivimos un momento histórico regido por un egoísmo dirigido por la globalización a todos los niveles. El ser humano está rodeado de una maquinaria monstruosa que le hace creer que todo lo material a su alcance es imprescindible para sobrevivir en un mundo en que solo se salva el más fuerte, que es el que más tiene en apariencia y con apariencia. Esta es un realidad difícil de aceptar y de la que a su vez es complicado escapar cuando se pretende en contradicción con ella, dar valores éticos y morales a los hijos que vayan acompañados de las herramientas suficientes para hacerse valer como personas, y saber encontrar momentos de felicidad que llenen un vacío espiritual y no material

Comprender lleva implícito un verdadero aceptar, que significa admitir las etapas de desarrollo y el crecimiento de los hijos con todas sus consecuencias, entendiendo la realidad psíquica que toque vivir. Este hecho implica siempre un cambio. Es necesario comprender y cambiar, entendiendo por ello adecuar las actitudes del adulto en beneficio del niño o del adolescente sirviendo a su vez como modelo, ayuda y sostén. Los seres humanos tenemos una fuerte resistencia a los cambios y al reconocimiento

humilde de los propios errores. Como padres todos nos equivocamos. Es necesario admitirlo para tener la empatía suficiente y recordar el propio recorrido de la vida sin proyectar en los hijos las propias frustraciones.

Los hijos ponen a prueba cada día la capacidad de respuestas de los padres. Y es en la adolescencia en la que se ponen en juego etapas anteriores de desarrollo y se genera una dinámica de separación, diferenciación e independencia, un momento de conflicto entre padres e hijos que no se sienten escuchados unos ni respetados otros o a la inversa.

Los padres están en crisis, igual que estos hijos adolescentes quienes ponen delante de la propia vejez de los progenitores, el paso del tiempo, las diferencias generacionales y dejan en evidencia los errores cometidos durante la infancia.

Los padres no están por lo general dispuestos a caer de los pedestales en que los hijos los habían colocado, en ese lugar en que para sus niños eran superhéroes. Por consiguiente comienzan a reflejarse en la relación las frustraciones y aquello proyectado en los hijos, las expectativas y la no aceptación de que estos hijos puedan ser diferentes y lo intenten con tesón, saltándose las normas o poniendo en tela de juicio todas las enseñanzas.

Es en estos momentos difíciles en los que replantearse un cambio es importante. Los padres deben poder hacer un trabajo de aceptación y entendimiento que les permita pactar con estos “nuevos sujetos” que cohabitan dentro del seno familiar cuestionando todas las decisiones. Este momento en el mejor de los casos llega, casi siempre de forma inesperada y revoluciona la dinámica familiar, no se está preparado, pero es importante adecuarse. Todo cambio es difícil pero si estamos convencidos de haber educado bien a los hijos, de haberles dado las herramientas necesarias para cuidarse en la vida debemos confiar en ellos y estar tranquilos en que encontrarán el camino adecuado que sin duda, estará marcado por todo aquello que han idos absorbiendo de los modelos que hayan tenido.

lunes, 22 de noviembre de 2010

EL FRACASO ESCOLAR Y LA FAMILA

Silvina Mosquera Logopeda y Psicoanalista

Cuando se habla de problemas con el aprendizaje, se adjudica toda la responsabilidad del fracaso escolar al niño, sin detenerse a mirar desde una perspectiva más amplia todos los elementos que intervienen en una relación enseñanza-aprendizaje, ya que para generar un fracaso es necesario que confluyan múltiples factores.

Tales dificultades de aprendizaje se manifiestan como una incapacidad del niño para apropiarse de los conocimientos que la escuela quiere impartir o comunicarle.

Si aprender es un proceso por el cual el sujeto en interacción con el medio que lo rodea incorpora información suministrada por éste según sus necesidades e intereses, las elabora con su herramientas cognitivas, modifica sus conductas y realiza transformaciones en el ámbito que le rodea, debemos pensar que a su vez se enfrenta con contradicciones que le plantearán conflictos, que lo llevarán a realizar actividades o buscar mecanismos para resolverlos, usará lo que ha adquirido y descubrirá e intentará nuevos recursos, rectificando sus errores.

Todo éste proceso está determinado por las condiciones del contexto en el que se desarrolla el niño: su familia, el medio social, el tiempo histórico, la escuela, y la capacidad de tolerar la frustración.

Cuando la problemática familiar impide una fluida interacción en otros ámbitos, como puede ser el escolar, el niño tiene una gran dificultad para centrarse en el estudio o en el seguimiento de las normas, y aprendizajes porque a su vez debe pre–ocuparse, de dificultades que tienen origen en el seno familiar, y que en muchos casos pertenecen al mundo de los adultos, especialmente sus padres.

La dinámica familiar en la que el niño se desarrolla, influirá en su desarrollo cognitivo, psíquico y físico desde el momento de su nacimiento, que estará marcado por las expectativas depositadas en ellos, por los padres.

El éxito académico depende de lo que ellos reciben desde antes de nacer. Es en los primeros años de vida en que se asientan las bases que le servirán para desarrollarse activamente en la vida. De esta manera los niños se enfrentan a los avatares de la vida preparados, para resolverlos.

Cabe remarcar que en el momento de adquisición de la lectura y la escritura el ambiente familiar juega un papel importante. Del buen desarrollo emocional del niño dependerá en gran parte la asimilación de la información y de los aprendizajes en general.

Paternidad y maternidad en la sociedad actual

Paternidad y maternidad en la sociedad actual

Silvina Mosquera Genlot, Logopeda y Psicoanalista

Ser padres y madres comporta un esfuerzo que incluiría dentro de las disciplinas del “arte” por las características de creatividad, reflexión, paciencia, espera, frustración etc., que rodean a un quehacer que aunque muy explorado por muchos, se convierte en una serie totalmente desconocida y llena de interrogantes.

Encontrar las herramientas adecuadas para poder pensar y resolver las dificultades que los padres se encuentran a diario, es complicado, en un momento en que la sociedad manifiesta una crisis de todo tipo. A veces no encontramos respuestas y la dinámica familiar se transforma en un círculo vicioso que intentamos resolver con programas de “nanis” que no se adaptan adecuadamente a nuestra situación particular.

¿Cómo ayudar a los padres en momentos tan peculiares en los que la diferencia generacional no se acaba de definir, ya sea porque se sienten lejos de comprender a sus hijos o bien porque se acortan de tal manera que no logran dar un modelo adecuado de identificación?

¿Cómo soltarles de la mano y permitirles crecer y volar libres cuando el mundo muestra a diario un estado general de descontento, frustraciones personales, violencia y falta de comunicación acompañado de valores transgresores de todo tipo, falta de ética y moral?

Evidentemente la soledad del ser humano se acentúa y las familias parecen navegar por aguas desconocidas en las que no hay timón que reconduzca un hilo que ordene, organice y tranquilice a padres y madres confundidos.

En el camino de mi experiencia profesional veo la angustia de progenitores desorientados en busca de recetas esotéricas que solucionen de un plumazo los conflictos, ya sea de niños de primera infancia, de latencia, como de adolescentes que deambulan en un mar de estímulos y sedientos de ver, saber y probar se dejan seducir al mejor postor, y en el mejor de los casos consiguen sortear todo tipo de propuestas nocivas y se acomodan en busca de actividades que responden a sus inquietudes artísticas, culturales o deportivas, pero otros no logran ver un hueco donde acomodarse y sucumben a la más fácil y cercana de las propuestas que en ningún caso benefician su desarrollo ni canalizan, sus inquietudes juveniles de manera saludable.

No puedo decir que tiempos pasados fueron mejores, cada momento histórico tuvo sus dificultades y hoy nos encontramos con retos complicados, nos vemos envueltos en conflictos aparentemente sin salida. Pero en las dificultades que se producen dentro del seno familiar, en aquellas situaciones que responden a probables faltas de comunicación, de tiempos de escucha y de tiempo para pensar, es importante transmitir conocimientos a los padres otorgando herramientas para reconducir los malos hábitos de convivencia.

A veces la comunicación se ve interrumpida, y la violencia se apodera de un espacio reservado al entendimiento y el trabajo codo a codo cuyo éxito está basado en el entendimiento mutuo.

Cuando las alternativas escapan a la posibilidad de dar soluciones, un espacio terapéutico, tanto individual como familiar, puede dar un lugar a la expresión de deseos no escuchados, y descubrir capacidades guardadas desde la más tierna infancia, perdidas en algún momento del camino y que pueden ser la respuesta a un éxito personal que se traduzca en el plano de la vida personal y laboral del individuo, traduciéndose a su vez en un modelo satisfactorio que permita a los hijos dar cuenta de que los avatares de la vida se pueden superar con un buen equilibrio emocional que permita encontrar los momentos de felicidad que la vida pone delante y del que solo disfrutan quienes saben ver y buscar.